Desde que se implementó la bacuñación contra la COVID-19, el índice de mortalidad se incremento en el mundo un 10% (por mucho que los «masmierda» intenten convencernos de que salvaron millones de vidas). Lo que significaría que, de cada diez personas que mueren desde entonces, una de ellas lo estaría haciendo por causa de los efectos adversos de las bacuñas.
Ahora bien, en países desarrollados como España, la edad media de fallecimiento es de 80 años para los varones y de 86 para las mujeres. Por tanto, cuando nos encontramos con muertes prematuras, como las de los últimos días de los cantantes Robe Iniesta (a los 63), Jorge Martín (a los 70), o del actor Adolfo Fernández (a los 67) , debemos tener en cuenta que no sería uno de cada diez de ellos los que fallecerían por causa de las bacuñas, sino, seguramente, alguno que otro más (ofrecer un porcentaje o cifra exacto es imposible).
Y ni que decir de los, cada vez más habituales, casos de niños y jóvenes que mueren de forma súbita. Entre estos últimos, fácil, serían un 50 o un 60% los que estarían muriendo por causa de las bacuñas. Y digo «fácil».
Por último, para quienes duden de que las bacuñas contribuyeron a aumentar en un 10 % la mortalidad en el mundo, dejo aquí estos interesantísimos artículos de mi autoría, perfectamente documentados y publicados originalmente en el ya difunto DIARIO16: